jueves, marzo 05, 2009

Malvado de conciencia limpia

Santa Inquisición

Porque en las cárceles de Toledo pude aprender, casi a costa de mi vida, que nada hay más despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila. Muy malo es eso. En especial, cuando viene parejo con la ignorancia, la supersitión, la estupidez o el poder; que a menudo se dan juntos. Y aún resulta peor cuando se actúa como exégeta de una sola palabra, sea del Talmud, la Biblia, el Alcorán o cualquier otro escrito o por escribir. No soy amigo de dar consejos -a nadie lo acuchillan en cabeza ajena-, mas ahí va uno de barato: desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.

Arturo Pérez-Reverte, El Capitán Alatriste, Limpieza de Sangre, 1997.

lunes, marzo 02, 2009

Caridad la Lebrijana

Quizá la Lebrijana estaba despierta, aguardándolo. La imaginó moviéndose por la habitación, con el cordón de la camisa de dormir flojo sobre los hombros morenos y desnudos, y añoró el olor tibio de aquel cuerpo que, pese a las muchas guerras que también había librado en otro tiempo, guerras mercenarias de a tanto la noche, besos y manos extrañas, seguía siendo hermoso, denso y cálido, confortable como el sueño, o como el olvido.

Arturo Pérez-Reverte, El Capitán Alatriste, Limpieza de Sangre, 1997.

sábado, febrero 28, 2009

Guarda con BJ

A 100km/h y con un Scania a la cola, a veces, el camino negro se pone Idem.

miércoles, febrero 25, 2009

Pequeñas estafas cotidianas, ¿es Claro?

Todo comenzó con un mensaje de texto que decía (palabras más, palabras menos): "ahora con tu línea prepaga podés elegir un destino ilimitado (sin costo)". Entonces entré en la página de Claro, busqué la promoción y leí las instrucciones.

Envié el SMS con el número deseado al 2233 y recibí una respuesta diciendo algo así como: "el número fue configurado, para cambiar la configuración debe ...". Repetí la operación en el celular de ella y recibí la misma respuesta.

Lu, ahora podemos hablarnos por teléfono sin costo adicional. ¿Estás seguro? ¡pero Claaaro!.

Pero Claro, como no podía ser de otra manera, 7 días después, ambos nos quedamos sin crédito en los teléfonos y, por si fuera poco, empezamos a recibir mensajes de texto a toda hora (A TODA HORA) con sugerencias de como recargarlos. 

Llamé a Atención al Cliente de Claro y una chica me explicó amablemente (sarcásmo) que para disfrutar de ese beneficio tenía que pagar un plan más caro. Pero ni en el mensaje de texto ni en la página de Claro dicen nada de esto. Yo no tengo la culpa, señor, pero es así; ¿le queda Claro?

lunes, febrero 23, 2009

Exceso de Animé

Me enganché con el Animé Japonés (con oriente en general) y de a poco voy entendiendo algunas cosas que anoto aquí para no olvidarme:
  • Sensei: maestro o instructor. Es un título sumamente venerable. Junto con los ancianos son las personas merecedoras del mayor de los respetos.
  • Senpai: es un compañero de estudios (de cualquier disciplina) más avanzado que nosotros. Alguien de quien se puede aprender además del Sensei.
  • Onii-chan: hermano mayor. Parece que es importantísimo tener un hermano mayor. Sobre todo para las mujeres, por lo que, si no tienen uno, buscan a alguien y lo adoptan de Onii-chan.
  • Onee-chan: hermana mayor. Es una figura importante para las chicas cuando no tienen un Onii-chan.
  • Nombre-san: es un trato formal, de respeto. Como hablar de “Usted”.
  • Nombre-kun: forma de mucha confianza en que una chica (joven) llama a un chico. Sobre todo si tiene alguna esperanza de que pase algo interesante.
  • Nombre-chan: forma de mucha confianza en que un chico llama a una chica más joven.

jueves, febrero 19, 2009

Cuando no

Los militares norteamericanos habían construido casas en el Jardín Botánico prohibiéndoles, por supuesto, la entrada a los japoneses, pero ahora que el ejército de ocupación se había marchado, se había devuelto a los jardines su apariencia original.

Kioto, Yasunari Kawabata, 1962

viernes, febrero 13, 2009

jueves, febrero 12, 2009

El pueblo de España

Generoso, simpático, acogedor con quien sabía llegarle al corazón, el pueblo de Madrid había de dispensar al heredero del trono de Inglaterra, durante los meses que pasó en la Corte, siempre idénticas muestras de aprecio y benevolencia. Otra hubiera sido la historia de nuestra desgraciada España si los impulsos del pueblo, a menudo generoso, hubieran primado con más frecuencia frente a la árida razón del Estado, el egoísmo, la vanalidad y la incapacidad de nuestros políticos, nuestros nobles y nuestros monarcas.

El Capitán Alatriste, Arturo Pérez-Reverte, 1996